
OPINIÓN
Por: Mario Javier Sánchez de la Torre.
– Sheinbaum y su concepto de reforma.
Varias son las palabras que se pueden considerar totalmente “manoseadas” como parte del lenguaje que la representante del Poder Ejecutivo Claudia Sheinbaum Pardo usa en sus aburridas mañaneras.
Además de: democracia y soberanía, de los que tiene una interpretación muy personal, últimamente ha tenido que incluir el vocablo: reforma. Del que también la acepción que tiene, por la forma en que lo aplica esta como los citados anteriormente muy alejados del significado real.
Sin adentrarnos en las definiciones estrictas de los diccionarios como el de la Real Academia Española (RAE) y otros más que existen con relación al rico idioma que se habla en México, cuando se habla de reformar algo, lo que sea, en el ámbito que sea, se da por sobreentendido que se trata hacer un cambio. Y por lo general los cambios que se hacen tienen el objetivo de mejorar lo que hay, lo que se tiene y no empeorarlo. En otras palabras, que el género humano en la mayoría de los casos que ha realizado alguna reforma a lo largo de su historia ha sido para mejorar, aunque desgraciadamente hay contadas excepciones, como las estamos viviendo.
Y es, exactamente por esa equivocada interpretación que tiene del concepto de reforma, el peligro que representa para México y todos los mexicanos, la inútil, engañosa y mal intencionada llamada pomposamente por los fieles seguidores de la autollamada cuarta transformación (4T): Reforma Electoral.
Ya que simplemente desde sus inicios por las malas intenciones que contiene en contra de los partidos que viven a expensas de la 4T, como son el Verde Ecologista de México (PVEM) y el del Trabajo (PT), estos, no la han avalado.
Situación que a partir que se entregó la iniciativa correspondiente el pasado miércoles 4 del mes en curso a la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión para que inicien su análisis los legisladores, la situación y comentarios sobre la citada reforma en lugar de aclarar sus intenciones, las empeoró, por las incongruencias legales y de procedimientos que en la complicada materia electoral tiene.
Por citar solo algunas cuestiones: desaparición de legisladores (lo que les pega a algunos partidos políticos, pero lo más importante a la población minoritaria que representan) y en el aspecto de la organización la desaparición de parte de la estructura electoral, así como la reducción de presupuesto para la operación de la elección.
Acciones que han provocado la inconformidad no solamente de los partidos aliados, obviamente de los opositores, pero lo más importante de la sociedad civil por la forma en que la iniciativa presentada por Sheinbaum Pardo veladamente expone la intención de fortalecer al partido que pertenece y eliminar lo poco que ha quedado de la incipiente democracia que se estaba viviendo en México desde los años 90.
Estando tan consiente Sheinbaum Pardo de lo negativo de su propuesta para México y los mexicanos, que en la mañanera que expuso la reforma, desde ese momento habló, de la existencia de un Plan “B”, para en el caso de no aprobarse, entonces desmantelar al Instituto Nacional Electoral (INE) a través de las leyes secundarias, que son las únicas que podrán modificar por la cantidad de legisladores que tienen en las cámaras.
Pero hasta donde se tiene entendido el concepto de reforma es para cambiar, pero para bien, quitar lo que está mal. No destruir lo que funciona, para que todo quede mal. Ejemplo: como quedó el actual Poder Judicial, después de la fraudulenta elección. Usted qué opina, estimado lector. Hasta el viernes. noti-sigloxxi@hotmail.com (Fech. Púb. Lun. 9-marzo-26)



