Avión presidencial; analogía del viejo régimen.

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Tiempos de Cambio
Jorge Ignacio Luna Hernández

“Bajo el sistema federativo, los funcionarios públicos, no pueden disponer de las rentas sin responsabilidad. No pueden gobernar a impulsos de una voluntad caprichosa, sino con sujeción a las leyes. No pueden improvisar fortunas, ni entregarse al ocio y a la disipación, sino consagrarse asiduamente al trabajo, disponiéndose a vivir, en la honrada medianía que proporciona la retribución que la ley les señala».

– Benito Juarez García

Luego que el Presidente de México anunciara el regreso a México del avión presidencial TP-01 “José María Morelos” para ser sometido a subasta pública junto con otras 28 aeronaves de lujo, una gran parte de la sociedad ha expresado su desaprobación por el costo de su mantenimiento en un hangar en California y la disminución de su valor en el avalúo más reciente.

Sin embargo, vienen a bien escudriñar la necedad del mandatario de enajenar ésta y otras aeronaves del Estado Mexicano destinadas anteriormente al traslado de los altos funcionarios, aún a sabiendas de lo complicado que podría resultar una operación de este tipo.

El hoy famoso avión presidencial “José María Morelos”, adquirido por Felipe Calderón en 2012 y utilizado por Peña Nieto y su ex-familia presidencial, es un modelo Boeing Dreamliner 787-8, diseñado, adaptado y ensamblado con especificaciones particulares de acuerdo a los requerimientos formulados por el ex Presidente, lo que lo hace único en su especie y dificulta su venta. Para darnos una idea, basta mencionar que el aeronave posee acabados de lujo en su exterior e interior, cuenta con una Suit Presidencial, una exclusiva sala de juntas, una elegante oficina, recámaras con camas King Size, regaderas y hasta caminadora. Cuenta además con tecnología de punta; pantallas personales en cada asiento, internet de alta velocidad y una Suit exclusiva para evitar la intervención de las telecomunicaciones – la aeronave más emblemática del continente -. Todo ello con un cargo al erario de $218 millones de dólares, es decir, poco más de 2,900 millones de pesos.

Características todas ellas, asequibles a un sector de la sociedad acaudalado, multimillonario. Incongruente con el modo de vida de los mexicanos. Características propias del más insultante desprecio de una élite gobernante hacia quienes habitamos un país en el que existen más de 61 millones de pobres y cerca de 21 millones de mexicanos en  pobreza extrema (CONEVAL).

El avión presidencial constituye la más fiel y exacta representación del viejo régimen, sintetiza en sí mismo la época neoliberal; los excesos, la corrupción, la impunidad. Justifica la indignación de una nación entera y probablemente por ello es que Andrés Manuel López Obrador ha decidido no utilizarlo y se ha empeñado en deshacerse de él.

Hacerlo sería convalidar las prácticas de quienes lo precedieron y el Presidente está consciente de ello, tal vez por eso ha optado por venderlo aunque represente pérdidas considerables. La señal que envía al pueblo de México es clara; «no somos iguales que ellos». » No me voy a divorciar del pueblo».

El avión presidencial es un monumento al viejo régimen, simboliza los excesos en que vivieron los gobernantes con el dinero del pueblo y quizá solo para tenerlo bien presente valga la pena conservarlo.

No obstante, si algo ha de reconocerse al Ejecutivo Federal, es precisamente su determinación para cumplir sus promesas de campaña, por lo que tarde o temprano el TP-01 “José María Morelos” dejará de contarse entre los bienes del Estado Mexicano.

Jorge Ignacio Luna Hernández
Abogado de profesión
Regidor Tercero del Ayuntamiento de Coatepec
Maestrante en Administración Pública.

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