¿Cómo reciclar su dolor?

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Un padre y su hijo. Fotografía ilustrativa tomada de http://fundeu.do

FERNANDO F. CANCELA

Preguntarle mi apreciado lector (a), ¿ha ayudado a alguien que esté pasando por alguna situación por la que usted pasó?

Comentarle que tengo dos hijos adolescentes, el menor que se llama René, tiene 17 y los médicos le detectaron Autismo a los 3 años.

No sabe por la prueba tan dolorosa que en su momento atravesamos mi esposa y este servidor; nada más para que se dé una idea, por X o Y razones, mi hijo usó pañal hasta los nueve años de edad y como ya estaba grande, tuvimos que ponerle tallas para adulto, situación que resultó un gasto extraordinario en todos los sentidos.

Pero eso no fue trascendental, debo confesarle que el dolor en su momento fue tan grande que caí en una fuerte depresión, acompañada de mucho rencor hacia la vida, frustración y miedo; me culpaba tremendamente y llegue a culpar a Dios por lo que nos pasaba.

Sin embargo, ahora veo que Dios tiene un plan para cada quien y que los niños, jóvenes y adultos con alguna discapacidad física o mental, es una decisión de él, no tengo la menor duda, ni tampoco tengo porque juzgarlo, ahora creo sin temor a equivocarme, que Dios dispuso de la discapacidad de mi hijo para hacerme sensible ante el dolor de los demás.

Con esto, Dios recicló nuestro dolor y nos dio un servicio. Decirle que… hace algunos años, formamos una asociación civil para ayudar a personas que están atravesando en casa por alguna situación similar a la nuestra, ahora nosotros a través de Angelitos Felices A.C., podemos ayudar a quien así lo necesite. ¿Cómo lo hacemos?, a través de platicas y terapias que ofrecemos para ayudar a otros a salir del dolor por el que nosotros atravesamos; dicha situación, la hacemos de manera gratuita en el lugar en donde tenemos nuestra razón social, es decir… Librado Basilio Juárez 23, del Fraccionamiento Lucas Martín.

Se imagina usted por el terrible dolor por el que atravesó la Presidenta de la Fundación Michou-Mau Virginia Sendel, quien hace años sufrió una de las tragedias más impactantes que alguien pudiera sufrir al perder a su hija Michelle Lemaitre Sendel y a su nieto Mauricio González Lemaitre, de tan solo cinco años de edad en un incendio; ahora ella ayuda a muchas personas en condiciones como la suya.

Decirle que Dios desea utilizar nuestro dolor para ayudar a otras personas; el dolor que a veces sufrimos, no es cosa perdida, Dios desea reciclar nuestro dolor para beneficio de otros seres que estén atravesando por la misma situación que nosotros. Recuerde que reciclar es volver a utilizar; sin embargo, se tiene que reconocer algo que es muy cierto, las personas no son ayudadas por nuestra fortaleza, sino por nuestras debilidades. Dios nos usa para compartir nuestras heridas, hábitos y complejos de los cuales nos estamos recuperando y creemos firmemente que el poder ayudar a otros, sea una prueba fehaciente de la recuperación que él nos proporciona.

En ese sentido, ¿a pensado usted ayudar a otros que se encuentren atravesando por la misma situación que usted atravesó?, eso sí sería muy trascendental pues le ayudaría a no permanecer enfocado en lo que le sucede. Si permanecemos enfocados en lo que nos sucede, es claro que no habrá recuperación, pero… ¿cómo podemos usar nuestro dolor para ayudar a otros? ¿Por qué Dios permite el dolor en nuestras vidas?

Una de las preguntas más difíciles de la existencia humana es precisamente explicar el dolor, por eso los ateos dicen… -si hubiese un Dios, no existiría el dolor-. Luego entonces, ¿por qué hay tanto dolor en el mundo? ¿Dónde está Dios? La gente nos preguntamos cuál es el sentido y el propósito del dolor.

En ese sentido, hoy quiero compartirle cuatro respuestas. La primera es que Dios permite el dolor en nuestras vidas por lo que dice el libro de Deuteronomio en su capítulo 11 y versículos del 26 al 28: “Hoy les doy a elegir entre la bendición y la maldición; bendición, si obedecen los mandamientos que yo el Señor su Dios les mando obedecer; maldición, si desobedecen los mandamientos del Señor su Dios, y se apartan del camino que hoy les mando seguir, y se van tras dioses extraños que jamás han conocido.”

En ese sentido, la primera razón por la que Dios permite el dolor en nuestras vidas es porque Dios nos hizo libres; Dios nos dio un libre albedrío y dado que por lo regular escogemos el camino equivocado, es que hay tanto dolor en el mundo. Esta es la respuesta que los grandes teólogos y pensadores cristianos le dan a los ateos cuando los ateos cuestionan porque hay dolor en el mundo y que si hay un Dios no debería haber dolor; luego entonces, los grandes teólogos y pensadores responden así: hay dolor en el mundo porque Dios nos creó libres; tanto el hombre como la mujer, somos seres libres de pensamiento y si somos seres libres de pensar, podemos decidir entre hacer el bien, o hacer el mal.

Es decir, nosotros tenemos la capacidad de elegir, pero podemos elegir el bien, o podemos elegir el mal, sin embargo, los seres humanos la mayoría de las veces elegimos el mal; hemos hecho un desastre de esta maravillosa creación, todos sabemos que no deberíamos destruir el planeta pero lo seguimos destruyendo, seguimos tirando basura y descargando aguas negras a la calle dañándonos a nosotros mismos, a nuestras familias y a los demás, pero realmente nos importa un comino.

Sabemos que no deberíamos dañar nuestro cuerpo pero lo seguimos dañando; tenemos el pleno conocimiento de que no deberíamos meterle a nuestro cuerpo cierta clases de alimentos y bebidas pero lo seguimos haciendo; todos sabemos que no deberíamos desvelarnos, pero nos seguimos desvelando y luego buscamos a Dios y le decimos… –señor has un milagro en mi vida, por favor sáname-.

Dígame usted, porque tendría Dios que sanarnos si al mes siguiente estaremos cayendo en el mismo problema del cual ya nos sanó; Dios nos hizo personas libres y esa es la razón por la cual existe tanto dolor en el mundo. Y si me pregunta si Dios podría suprimir todo el dolor que hay en el mundo de una vez por todas, la respuesta es… sí, y ¿sabe cómo lo haría? haciendo robots.

Sirva la letra de la canción de Oscar Medina para una reflexión y entendamos juntos el motivo de nuestra existencia; se la recomiendo, la puede buscar en youtube, es muy hermosa y se llama: “Bien pudo hacer”, y dice así.

Bien pudo hacer,
Robots que le siguieran por doquier
Que siempre estuvieran a sus pies,
Y le dijeran te amo, y no solo una vez
Bien pudo hacer,
Que todas las mañanas también,
Antes de engrasarse en el taller,
Doblaran sus rodillas y hablaran con Él.
Bien pudo hacerlos:
Cientos de ellos,
Era muy fácil para Él,
Bien pudo hacerlos,
Pero no quiso;
Y aquí estoy yo,
Y aquí estas tú:
Para adorar.
Bien pudo hacer.
Seres de hojalata y de papel,
Que con aplastarles un botón
Gritaran: “Aleluya!” y dijeran: “Amen”.
Bien pudo hacer
Robots que, un Domingo al despertar,
Después de sus engranes descansar,
Pensaran en reunirse y con puntualidad.
Bien pudo hacerlos:
Cientos de ellos,
Era muy fácil para Él,
Bien pudo hacerlos,
Pero no quiso;
Y aquí estoy yo,
Y aquí estas tú:
Para adorar…

Nada más imagine apreciado lector (a) que tuviéramos un botón en la espalda al que únicamente se le oprimiera y dijéramos amén, imagine que fuéramos un robot que antes de engrasarnos en el taller dobláramos las rodillas y habláramos con él; pero Dios no hizo robots, Dios hizo seres humanos inteligentes que la mayoría de las veces nos inclinamos más hacia las tinieblas, que la mayoría de las veces esa es nuestra decisión y entonces escogemos hacer el mal, por eso hay tanto dolor en el mundo.

Y no solamente son nuestras malas decisiones tomadas por el libre albedrío que Dios nos dio a todos por igual, sino que las malas decisiones de otros, nos afectan directamente y entonces se forma una cadena, un patrón de dolor, es decir, cuando algún conductor ebrio irresponsable mata un inocente que va por la calle bien tranquilo, sus decisiones equivocadas y asesinas, dañan a los demás, luego entonces, lo que debemos hacer es decidir responsablemente.

Decirle que un 70% de las enfermedades que padecemos los seres humanos es el resultado de las malas decisiones que tomamos; es decir que… el daño nos lo estamos haciendo nosotros mismos, por ejemplo, existen 4 cosas que deberíamos ir suprimiendo poco a poco de nuestra dieta porque simple y llanamente están considerados como los 4 asesinos blancos: el azúcar, la sal, las harinas y la leche.

¿Cuál es el punto de esto?, que si nosotros hiciéramos caso a lo que dice la bendita palabra de Dios, si hiciéramos lo que Dios nos manda, no nos enfermaríamos de nada. Yo le sugiero respetuosamente seguir el Plan Daniel, un enfoque para lograr un estilo de vida saludable, en el cual las personas mejoran su calidad de vida al llevar al grado óptimo su salud y combinando áreas clave como la fe, la alimentación, el ejercicio físico, el enfoque mental y las amistades. El Plan Daniel está basado en el libro: “El Plan Daniel 40 Días Hacia Una Vida Más Saludable”, escrito por Rick Warren, Daniel Amen y Mark Hyman.

La segunda razón por la que Dios permite el dolor en nuestras vidas se encuentra en Proverbios 20:30 que dice: “Los golpes y las heridas curan la maldad; los azotes purgan lo más íntimo del ser.”

Es decir que Dios el padre celestial, usa el dolor para llamarnos la atención, a veces somos tan testarudos que no nos damos cuenta de que nos estamos haciendo daño, luego entonces, Dios usa el dolor en nuestras vidas para decirnos: “detente”. Entonces, el dolor es como una luz roja en el tablero de un coche, que nos dice detente y revisa porque algo anda mal… es entonces cuando debemos dar vuelta en “U”, y volver hacia Dios.

Decirle mi apreciado lector (a) que el problema no es nuestro dolor, nuestro problema no es la depresión, nuestro problema no es la ansiedad o el temor, sino lo que lo produce, tenemos que encontrar la raíz del porque estamos ansiosos, porque estamos deprimidos; el problema no es la depresión sino que es, lo que la está provocando, la depresión es tan solo una luz roja en el tablero del coche que nos está indicando que algo está mal.

El gran teólogo C.S Lewis, autor de las Crónicas de Narnia, dice que cuando la estamos pasando bien, Dios nos susurra, pero cuando estamos sufriendo, Dios nos grita. Si usted está sufriendo, entonces Dios le está gritando y le dice: lo que estas haciedo, está mal hecho.

No queremos castigar a nuestros hijos porque nos metieron en la cabeza la filosofía racionista de que hay que dejarlos hacer lo que quieran, pero no cree usted que quienes dicen esto están equivocados; vea usted mismo lo que dice la palabra de Dios, “Los golpes y las heridas curan la maldad; los azotes purgan lo más íntimo del ser…”

Tenemos que reconocerlo, en México la educación que damos a los hijos la mayoría de las veces es un verdadero desastre, los hijos llegan a la adolescencia y ya no sabemos qué hacer con ellos, lo que realmente pasa es que no tenemos el valor para creerle a Dios y poder usar la disciplina adecuada para ellos.

Comentaba el Pastor de la Primera Iglesia Bautista de Xalapa, Armando Díaz Salazar que su maestro un filósofo mexicano escritor y autor de diferentes libros, en una de sus clases donde hablaba sobre los valores, les ofreció una anécdota; dice que en una ocasión una pareja de amigos lo invitaron a comer a un restaurante y que los niños de la pareja hacían realmente lo que se les pegaba la gana, se paraban en las sillas, corrían entre las mesas, jugaban con la comida y con los popotes de los refrescos, platicaba aquel maestro que sus padres solo se ponían la mano en la frente y realmente no sabían ni qué hacer ante la mala educación de sus hijos y que prácticamente, no hicieron nada al respecto.

Aquel maestro comentó a sus alumnos en el seminario, que en sus tiempos cuando era niño, sus padres al ver una escena de esa naturaleza le hubieran dado un bofetón de aquellos y le hubieran dicho… -niño siéntate ahí y estate tranquilo y en paz-, pero ahora la psicología moderna dice que no hagamos nada al respecto, luego entonces, Dios usa nuestro dolor para llamar nuestra atención.

La tercera cosa por la que Dios usa el dolor en nuestras vidas se encuentra en la Segunda Carta a los Corintios capítulo 1 y versículos del 8 al 10 que dice: “Hermanos, no queremos que desconozcan las aflicciones que sufrimos en la provincia de Asia. Estábamos tan agobiados bajo tanta presión que hasta perdimos la esperanza de salir con vida: nos sentíamos como sentenciados a muerte. Pero eso sucedió para que no confiáramos en nosotros mismos, sino en Dios, que resucita a los muertos…”

A través de su carta, el Apóstol Pablo se encuentra dando un testimonio de vida sobre lo ocurrido a la iglesia de Corinto; en ese sentido, la tercera razón por la que Dios usa el dolor en nuestras vidas es para enseñarnos a depender de él. “Eso sucedió para que aprendiéramos a confiar no en nosotros mismos sino en Dios.” Nosotros no sabemos todo lo que Dios es, hasta que tengamos todo lo que necesitamos.

Cuando pareciera que lo hemos perdido todo, que todo se desmorona a nuestros pies, luego entonces, en el único que podemos confiar es en Dios, por eso Dios permite que las cosas ocurran, para que aprendamos a confiar en él.

Pero si no lo asimilamos… ¿qué es lo que sucederá?, que ahí estará el dolor una y otra vez hasta que usted y yo aprendamos. ¿Cuándo llegamos a saber que Dios es lo único que tenemos? Cuando ya no tenemos nada, cuando ya lo probamos todo, cuando ya se nos acabó todo, es cuando nos damos cuenta de que la única posibilidad que tenemos es Dios.

Hay un Salmo que dice que Dios ensalza a los humildes y humilla a los soberbios. Si usted no ha visto la película “Dios no está muerto”, se la recomiendo, ahí observará la soberbia de un maestro en su máxima expresión y debo decirle que la soberbia es el problema de todos los males y los fracasos, Dios usa el fracaso para enseñarnos hacer humildes, esa es la razón también de algunas enfermedades, Dios se manifiesta a través de nuestra debilidad no de nuestra fuerza; cuando alguien le dice a Dios -no puedo-, es cuando él comienza actuar en nuestras vidas; la soberbia es un problema con el que cargamos todos, solo que existen quienes la tienen más desarrollada que otros, pero debemos tener la esperanza de que Dios, nos puede ayudar.

La cuarta situación por la que Dios permite el dolor en nuestras vidas se encuentra en la Segunda Carta a los Corintios capítulo 1 y versículos 3 y 4 que dicen: “Alabado sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre misericordioso y Dios de toda consolación, quien nos consuela en todas nuestras tribulaciones para que, con el mismo consuelo que de Dios hemos recibido, también nosotros podamos consolar a todos los que sufren.”

Luego entonces, Dios permite el dolor en nuestras vidas porque nos quiere dar un servicio o ministerio; Dios permite el dolor en nuestras vidas para que podamos servir a otros que pasan por la misma situación; a través del dolor Dios nos hace humildes, simpáticos, empáticos y sensitivos a las necesidades de los demás; de eso trata el paso 8 del programa “Celebremos la Recuperación”, el dolor me prepara para el servicio y a través de nuestro dolor podemos ayudar a otros que están sufriendo.

Ahora… ¿Cómo puedo usar mi dolor para ayudar a otros?; en la Segunda Carta a los Corintios capítulo 1 y versículos 3 y 4, podemos descubrir la forma y el método de Dios: “Alabado sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre misericordioso y Dios de toda consolación, quien nos consuela en todas nuestras tribulaciones para que, con el mismo consuelo que de Dios hemos recibido, también nosotros podamos consolar a todos los que sufren.”

Si observa, este es el mismo texto que el anterior, y a la luz de este texto se puede aprender también, que es dando testimonio de cómo Dios nos ayudó a nosotros para poder ayudar a los demás. Si usted da testimonio a una persona de cómo Dios lo ayudó o lo está ayudando, no tiene que hacer nada más… eso sería todo.

Dicen los expertos que la mejor manera de ayudar a otra persona no es diciéndole lo que tiene que hacer, sino dándole un ejemplo de cómo Dios lo hizo en usted o en mí, es así como funciona; de esto trata el octavo paso del Programa “Celebremos la Recuperación”; en el programa no se permite resolver la vida a nadie, ahí se forman mesas de hombres y de mujeres, sin embargo, nosotros no podemos decir -lo que tu deberías de hacer es esto-. Lo que nosotros hacemos es contarle a ese grupo lo que Dios ha hecho en nuestra vida, es decir que… el testimonio que yo comparto a esas personas, es lo que les servirá.

Si usted me dice: -me quiero comprar un auto nuevo y tengo el dinero para hacerlo-, y yo le respondo a usted, entonces tiene que comprarse un Chevrolet, eso en el Programa “Celebremos la Recuperación” no funciona; pero si yo le digo, yo tuve un Chevrolet y la verdad me salió muy bueno y estupendo, usted entonces pensará -Haaaa si a Fernando el Chevrolet le salió bueno y estupendo, a mí también me saldrá bueno y estupendo, y entonces mi testimonio le servirá y es posible entonces que Dios lo bendiga y se compre el Chevrolet.

Yo podría en un momento dado aconsejarle en cuento a la educación de hijos, porque tengo hijos; puedo ayudar a alguien en una situación de crisis matrimonial porque soy casado por la iglesia desde hace 23 años y también he pasado por crisis matrimoniales; puedo ayudar a alguien que esté en proceso de divorcio porque yo también lo pasé, sin embargo, no puedo ayudar a una persona que sea drogadicta porque yo bendito sea Dios no pasé por ese proceso, pero en el grupo de CR, puede haber una persona que le pueda ayudar más que yo, es decir, puedo ayudar a la gente en las áreas en las que tengo experiencia, en las áreas que yo he vivido.

Por ejemplo alguien que ya paso por la misma enfermedad que usted está padeciendo es muy posible que le pueda ayudar porque ya pasó por el proceso de la enfermedad. Luego entonces, como puedo usar mi dolor para ayudar a otros, simplemente debemos compartir nuestro testimonio de cómo Dios nos ayudó a nosotros, su testimonio o el mío, es el método que Dios usa para ayudar a otros.

En ese sentido… ¿cuál es el octavo paso del Programa “Celebremos la Recuperación”? “Rindo mi vida a Dios para ser usada, llevando las buenas noticias tanto con mi ejemplo como con mis palabras” y ¿cómo doy las buenas noticias? tanto con mi ejemplo como con mis palabras. Cuando uno entiende el paso 8, su vida comienza a tener sentido, de esa manera puedo ayudar a las personas que sufren, mientras sigamos enfocados en nosotros mismos, no habrá recuperación.

Para finalizar. ¿Qué puedo hacer para usar mi dolor para ayudar a otros?, la respuesta se encuentra en Primera de Pedro capítulo 3 y versículo 15 que dice así: “Más bien, honren en su corazón a Cristo como Señor. Estén siempre preparados para responder a todo el que les pida razón de la esperanza que hay en ustedes.”

Luego entonces, lo que debemos hacer a la luz de este texto para usar nuestro dolor para ayudar a otros es el estar listos, debemos estar preparados, porque si nosotros decimos: -híjole te quiero ayudar pero no me acuerdo-, entonces no estamos cumpliendo con lo que dice el Apóstol Pedro: “estén siempre preparados”, y ¿A quiénes se dirige el Apóstol Pedro para que estén siempre preparados? A todos los cristianos.

Muchas veces hemos perdido oportunidades de dar vida eterna a otros porque los cristianos no estamos listos, decimos amar a Jesús, pero no estamos preparados; ¿sabe qué hacemos?, transferimos a las personas con otras que si están preparadas, luego entonces, que puedo hacer para usar mi dolor para ayudar a otros, debemos estar siempre preparados, estar siempre listos para explicarle a la persona que nos pregunte lo que nosotros sabemos sobre nuestra esperanza de fe.

No es necesario ser un erudito de la Biblia para explicar sobre nuestra fe; con tan solo decir que Dios nos ama sería más que suficiente y ¿Cómo sabemos que Dios nos ama? Por lo que dice la Carta del Apóstol Pablo a los Romanos en su capítulo 5 y versículo 8: “Pero Dios prueba que nos ama, en que, cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros.”

Que Dios lo bendiga hoy y siempre.

Dere.cancela@gmail.com
Facebook: Fernando Fabricio Cancela Márquez

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