La 4T, una transformación ciudadana

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Jorge Ignacio Luna Hernandez.

Tiempos de cambio

Jorge Ignacio Luna Hernandez

«Cuando cambia la mentalidad de un pueblo, cambia todo».

A través de los años, la vida pública en México ha sufrido transformaciones que han trastocado nuestra forma de gobierno; se ha evolucionado de la monarquía a la república juarista y de la dictadura porfiriana a la democracia maderista, hasta constituirse en la República representativa, democrática, laica y federal que conocemos hoy en día.

Para que esto sucediera, miles de mexicanos tuvieron que empeñar su vida por los ideales en que creyeron, desde la conquista hasta la revolución, y no fue, sino hasta 1917 que se alcanzó la soberanía nacional y la actual forma de gobierno quedó plasmada en nuestra Carta Magna.

Uno de los elementos clave de ésta, es la
representatividad. Se dice que México se constituye en una República representativa, ya que nuestros gobernantes y legisladores, son electos por principios de mayoría, a través del voto directo, libre y secreto de los ciudadanos, sin embargo, bien valdría la pena preguntarse si a lo largo de los años nuestros representantes populares realmente nos han representado.

La lógica nos dicta que para que esto sea posible, dichos representantes deberían estar en constante contacto con la ciudadanía, de modo tal que previo a la toma de las decisiones más trascendentes, cada representante consultara con sus representados el sentido de su decisión y actuara en consecuencia con el sentir y el pensar de la mayoría – el Presidente de la República ya nos ha dado una cátedra de cómo funciona a través de la consulta pública – aunque esto podría representar un sinfín de problemas operativos, empero, lo que sí es factible es recabar el pulso ciudadano y actuar en congruencia, lo que también requiere estar en constante contacto con el pueblo.

No obstante, para que exista una verdadera transformación de la vida pública, consultar las decisiones no resultaría suficiente, sino que se hace necesaria una participación activa de la sociedad y es aquí donde se presenta el mayor obstáculo. Tras muchos años de gobiernos ajenos a las necesidades del pueblo, el tejido social se encuentra desarticulado; la corrupción, la inseguridad y en general la falta de políticas públicas que propicien el desarrollo comunitario han sido campo fértil para una sociedad cada vez más desinteresada de la «cosa pública» y un hartazgo generalizado.

Este escenario no es ajeno al Ejecutivo Federal, lo conoce a la perfección. Luego de años y años de recorrer el país de norte a sur y conocer cada uno de sus municipios, Andrés Manuel debió haber advertido que un gran problema que enfrenta el país y es causa de muchos otros males, es la desintegración del tejido social y la falta de involucramiento de la ciudadanía en la vida pública. De ahí que cada mañana desde el Salón Tesorería de Palacio Nacional aproveche la conferencia mañanera para informar al pueblo.

Asimismo, con el objetivo de reconstruir el tejido social, fomentar la participación de la ciudadanía en los asuntos públicos y construir comunidad, el Presidente ha dispuesto crear Centros Integradores de Desarrollo en las congregaciones a cargo de los Servidores de la Nación, quienes tienen la no fácil tarea de operarlos.

Así es como toma impulso la Cuarta Transformación, en búsqueda de la integración de los ciudadanos a la vida pública, por lo que en adelante el ciudadano no puede permitirse solo observar y emitir un juicio de valor, sino que tiene el deber moral de organizarse en sus colonias, barrios y comunidades para conjuntamente con las autoridades locales, resolver los problemas más prioritarios de su entorno. La Cuarta Transformación no puede concretarse sin la participación del pueblo. La 4T, además de ser un cambio de régimen, es una transformación del pueblo mismo.

Jorge Ignacio Luna Hernández
Abogado de profesión
Regidor Tercero de Coatepec
Maestrante en Administración Pública.

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